Nov 10 2010
Siga a ese auto
Uno de los personajes en mi vida es el “pro-taxista”. Cada vez que me subo a un taxi (que no son muchas, a decir verdad), soy un acérrimo seguidor de la filosofía y modo de vida del taxista que me toque.
Si se queja del estado de las calles, empiezo “que esto no puede ser, cuánto hace que dicen que las van a arreglar y mirá cómo estamos. No hay que votarlos más a estos HdP”. Si en cambio están arreglando una calle y comenta su aprobación, digo “vos sabés que desde un tiempo para acá veo que le están poniendo mucho huevo al tema de las calles. Por lo menos en eso se están poniendo las pilas”.
Claro que me tengo que cuidar y sólo aproximar opiniones, hasta tantear de qué lado está el taxista en algún tema en particular para, ahí sí, destriparme en críticas contra algún tema en particular.
Soy de Talleres, de Belgrano y de Instituto. Voy a la cancha siempre y ni siquiera escucho los partidos por radio. El intendente es un maestro y un pelotudo. Me gustan los trabas y no puedo creer cómo haya gente que los levante en la calle.
Y me bajo del taxi casi tentado por algunas cosas que dije. A veces me quedo charlando con taxistas una vez llegado a destino, para redondear el concepto o seguir agregando leña al fuego.
Nunca me tocó un taxista que me haga poner en mi propio papel. Son $6.75 y no tengo monedas.
