Mar
30
2009
Gracias a la invalorable colaboración de Tu rayada favorita, familiares, conocidos y amigos, he aquí el primer Diccionario Chuncano – Castellano. Seguramente faltan (o sobran) muchas palabras o acepciones, pero apelaremos a la solidaridad de los lectores para que dejen en sus comentarios los aportes que crean necesarios para completar este diccionario (que será actualizado constantemente):
abriojo: abrojo
abuja: aguja
abujero: agujero
adoctado: adoptado
albun: álbum
almóndiga: albóndiga
alverjas: arvejas
amante de casa: ama de casa
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Mar
23
2009
Salió del baño felicitándose por su performance. Se lamentó de que aún no hayan inventado un explosivo o algo similar que no requiriera ningún tipo de trabajo para desodorizar el ambiente. Fue hasta la cocina arrastrando las pantuflas. Pateó un bollito de pan duro por debajo de la cocina para evitar tener el cargo de conciencia de la barrida posterior. Agarró la botella de cerveza abierta, le sacó la cucharita y le metió un buen sorbo. Eructó sin abrir la boca mientras se rascaba una nalga. Puso la pava para hacerse un mate cocido. Se asomó a la puerta y le robó la sección de deportes del diario a doña Rosa. Ese domingo no estaba su marido, con lo que no generaría conflictos. Se puso a repasar la formación de Lugano mientras se frotaba las manos como quien espera ansioso un acontecimiento. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Se enojó al enterarse que el árbitro designado era Chazarreta. Siempre los perjudicaba el Chazarreta este. Encima era de Caballito, justo hoy que el rival era Ferro. Miró su reloj y fue a apagar la pava, que se desgarraba en señales de hervor. Mientras tomaba el mate cocido miraba fijamente una foto en la pared. Estaba él en su puesto de trabajo cerca de la cancha de Lugano. Añoraba repetir esa imagen. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Se bañó, cambió y perfumó. Mientras apagaba el calefón, escuchaba en la radio la previa del partido. Había poca expectativa, en los accesos todavía no había mucho movimiento y los equipos no habían llegado al estadio. Terminó de preparar su bolsito de mano, cerró la puerta de entrada y llamó al ascensor. Mientras lo esperaba intentó sin éxito extraer algo de sus fosas nasales. En esta actividad lo sorprendió la morocha del octavo, cuando abrió la puerta del ascensor. Mucho no le importó: saludó amablemente y se mandó. Empezó a caminar para el trabajo. Eran unas pocas cuadras que las hizo a paso ligero porque andaba corto de tiempo. Al llegar, marcó tarjeta, saludó a los compañeros de la administración y pidió el visto bueno para empezar la jornada. Al recibirlo, se subió al 48 y lo sacó del garage. A los veinte minutos, y con el colectivo casi lleno, pasó por primera vez por la cancha de Lugano. Pispeó para el lado de las boleterías y la vio, detrás de la ventanilla 14, para socios de platea cubierta, como habitualmente. Estaba vestida como siempre, hermosa como nunca. Se encontró con la esquina, con lo que tuvo que doblar, desviando la mirada. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Si se apurara, quizá tendría otra cuotita de felicidad en la próxima vuelta.
[ponencia para el "Primer Concurso Literario Willie Tanner"]
Mar
16
2009
Desde chico agarré los crayones con la mano izquierda. Según mi mamá, todos mis hermanos también hicieron eso (somos 6, en total), pero ella los corrigió cambiándoles de mano hasta que se acostumbraron. No entiendo muy bien por qué hizo eso, pero la cuestión es que yo pasé casi toda mi infancia en la casa de mi abuela, donde las preocupaciones no eran “con qué mano agarra el crayón el nene” y me dejaron ser feliz con mi zurdismo. El “problema” surge cuando empecé a aprender otras actividades.
Recuerdo cuando miraba a mi hermano Aldo jugar al básquet en el patio de atrás de mi casa. Él tiraba con la derecha (aún cuando se tire con las dos manos, en básquet una mano da la dirección y la otra -la que “tira”- la fuerza). Y así aprendí yo.
Cuando jugaba al fútbol con mi hermano Adrián, siempre pateaba con la derecha, como él. [Nota: mi hermano Aldo patea con la zurda, pero eso se lo dejo para que lo escriba en su propio blog]
Y también cuando tengo que pegar una piña soy derecho. Esto viene acompañado de una anécdota: mi vieja una vez se cansó de que nos peleáramos con mis hermanos y nos compró un par de guantes de boxeo. Excelente decisión: cada vez que nos oía discutir, nos mandaba “arriba” (donde había una pequeña sala de juegos) para que nos hartemos a trompadas y bajemos hechos una sedita. Pero como en general éramos dos los que discutíamos y un solo par de guantes, la cosa había que repartirla. Seguramente me tocaba siempre el guante de la derecha, y por eso ahora parezco mariquita cuando, por ejemplo, tiro una piedra con la zurda.
Ahora que el Guille se compró una Wii, tuve que configurar mi perfil para que en algunos deportes sea zurdo (tenis o bowling) y en otros derecho (golf, boxeo y baseball).
Soy derecho para manejar el mouse, para abrir la puerta, para “choque esos cinco”, para rascarme la cabeza, para prender un fósforo y para abrir una botella con destapador.
Y soy zurdo para cepillarme los dientes, para borrar con goma, para afeitarme, para comer, para agarrar una taza y para usar el papel higiénico.
Es raro, pero debo adminirlo: soy un “ambidiestro selectivo”.
Mar
12
2009
Las cosas parecen muchos más graves cuando las sufrimos que cuando las hacemos
Mar
09
2009
De los 6 años hasta cumplidos los 18 fui jugador amateur de fútbol. Empecé jugando como arquero para el equipo de la escuela primaria. El profe Leo (un grande) y después don Muñoz nos dirigieron representando a la Escuela Parroquial Primaria Margarita A. de Paz.
Como todo el mundo putea a los arqueros (rivales, compañeros, árbitros, público en general), me harté rápidamente del puesto y me mandé de delantero. No era malo: pagaba la cuota al día, no le pegaba a ningún rival e iba a todos los entrenamientos. También metía algún que otro gol, de vez en cuando.
Después de un par de años, mi hermano Adrián me llevó al Club Atlético Carlos Paz, en donde jugué hasta que empecé a estudiar en la Universidad. Allí, empecé de mediocampista central (“5″) y la realidad indica que a medida que me fue creciendo la panza, me fueron mandando “para atrás”: jugué de segundo marcador central (“6″), primer marcador central (“2″) y volví a mi puesto de arquero (con pasos fugaces como marcador lateral derecho -”4″- y volante por derecha -”8″-), que conservé hasta el final de mis días deportivos. Esta experiencia de más de 12 años (y la colaboración de amigos y conocidos) en medio de vestuarios, tribunas, canchas y entrenamientos, me llevan a escribir el top 10 de las frases de cancha:
Top 10 de las frases de la cancha (1989-2001):
-1- “Si no quiere que le peguen, juegue por interné” –árbitro cordobés después de la protesta de un fallo.
-2- “Retengo dos carnes” (sic) –árbitro literario en la planilla de juego, después de retener dos “carnets”.
-3- “Yapala, Cogote, yapala” –técnico de impresentable equipo a uno de sus dirigidos.
-4- “¡Eh, instrucción!” –delantero protestando una supuesta “obstrucción”.
-5- “Pasa el delantero o pasa la pelota: los dos juntos nunca” –técnico de inferiores pro Fair Play.
-6- “Vieneeee… ¡goool!” –árbitro poco profesional, gritando un gol en un partido.
-7- “Tiró un pelotazo, Dios la bendició (sic) y la clavó en un ángulo” –simpatizante con déficit en las conjugaciones a otro que se perdió el gol.
-8- “No están dando ni fiebre” –técnico motivador a equipo poco responsivo, en el entretiempo.
-9- “Lo cobré para decirle esto: no se tire más” –árbitro a mi persona, después de un foul que no vio nadie.
-10- - Sale García. – No tiene más cambios. – No, está bien: sale García y no entra nadie. –conversación entre gran director técnico y árbitro del partido (el nombre del jugador en cuestión ha sido modificado para preservar su buen nombre). Nota: el “cambio” finalmente se realizó.