Archivo para December, 2008

Dec 18 2008

Me cago en t’

Publicado por waldo under gastronomia

Me sorprede, como intenté contar por acá, que nos gusten las cosas que son feas, como el mate, la cerveza y el café. Estas cosas tienen que intentar bastante la entrada en nuestro organismo para que las identifiquemos como sabrosas.
Por otro lado, hay sabores que son inmediatamente aceptados. Nos gustaron desde el primer momento: son ricos y ya.

Se dan, entonces, dos fenómenos bastante particulares. Por un lado, el paso de “feo” a “rico” o acostumbramiento; y por el otro, el paso de “rico” a “feo” (aunque no tan así, lo se), o “asqueo“.

El gusto puede pensarse como una función g que depende del alimento a y del tiempo (de ingesta) t. Los valores que toma esta función son los de cualquier escala de calificación. Digamos, del 0 al 100, para poner algún valor particular. Podemos decir entonces que las cosas que nos gustan son las que hacen que g vaya arriba de, digamos, 60, en algún tiempo dado.

Entonces asquearse de a depende de la existencia de un t’, tal que g(a, t’) = 0 y para todo t” dentro de un rango de tiempo (que depende de cada persona y se llama rango de gastroenteritis), tal que t” > t’, también pasa que g(a, t”) = 0. Esto es, en algún momento no podemos / queremos comer más dulce de leche, por un par de días, aunque nos guste (g(dulce de leche, 0) > 0). Algo parecido puede decirse del acostumbramiento.

Bueno, lo quería decir es que me cago en t’, aunque suene a que no me cae bien la hija de tu tío o tía. Y aunque la nona insista que “hasta lo bueno en exceso es malo”.

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Dec 15 2008

Por gente como yo…

Publicado por waldo under misc

Cuando yo era joven e inexperto, maXlo y Chun me invitaban a comer asado. Comíamos chorizo, un par de cortes de carne y tomábamos vino y cocacola. A veces había pan y helado. Gastábamos $5 (actualmente eso es aproximadamente 1.5 dólares) por persona.

Ayer hicimos un asado en casa (no con ellos: maXlo está en España y con Chun me veo menos de lo que me gustaría). Comimos chorizo, un par de cortes de carne y no tomamos vino, solamente cocacola. El pan estaba. El helado después lo compró mi hermana, entonces no cuenta. Gastamos $25 (sólo el hábil lector sabrá cuántos dólares son) por persona.

Si hay algo que me revienta, es que digan que “vino la crisis”. Parece que la crisis es como la tía gorda que viene a romper los huevos los domingos a la tarde. Estaba todo bien, no habíamos hecho nada malo, hasta que vino. Esto de no llamar a las cosas por su nombre (al pan pan y la crisis vino) me da mala espina.

No hace mucho que aprendí la importancia que tiene usar las palabras ajustadamente a las sensaciones que tenemos para no herir susceptibilidades. Es increíble cómo usando las frase correcta podemos decir exactamente lo que pensamos o sentimos sin necesidad de hacer sentir mal al que escucha. Esto es algo que no me sale siempre.

Si decimos que la “crisis vino”, lo que yo escucho es “antes no había ninguna crisis, yo no hice nada para que la haya, y acá está, mirá, una crisis vivita y coleando”.

Y lo que me parece es que si nos cabe el sayo, y no nos lo ponemos, la estamos cagando, porque no avanzamos para la solución de nada.

Una frase que aplica a cada uno de nosotros: “por gente como yo, esto está como está”.

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