Dec 18 2008
Me cago en t’
Me sorprede, como intenté contar por acá, que nos gusten las cosas que son feas, como el mate, la cerveza y el café. Estas cosas tienen que intentar bastante la entrada en nuestro organismo para que las identifiquemos como sabrosas.
Por otro lado, hay sabores que son inmediatamente aceptados. Nos gustaron desde el primer momento: son ricos y ya.
Se dan, entonces, dos fenómenos bastante particulares. Por un lado, el paso de “feo” a “rico” o acostumbramiento; y por el otro, el paso de “rico” a “feo” (aunque no tan así, lo se), o “asqueo“.
El gusto puede pensarse como una función g que depende del alimento a y del tiempo (de ingesta) t. Los valores que toma esta función son los de cualquier escala de calificación. Digamos, del 0 al 100, para poner algún valor particular. Podemos decir entonces que las cosas que nos gustan son las que hacen que g vaya arriba de, digamos, 60, en algún tiempo dado.
Entonces asquearse de a depende de la existencia de un t’, tal que g(a, t’) = 0 y para todo t” dentro de un rango de tiempo (que depende de cada persona y se llama rango de gastroenteritis), tal que t” > t’, también pasa que g(a, t”) = 0. Esto es, en algún momento no podemos / queremos comer más dulce de leche, por un par de días, aunque nos guste (g(dulce de leche, 0) > 0). Algo parecido puede decirse del acostumbramiento.
Bueno, lo quería decir es que me cago en t’, aunque suene a que no me cae bien la hija de tu tío o tía. Y aunque la nona insista que “hasta lo bueno en exceso es malo”.
