Nov 05 2008
Me arden los ojos
Hay gente que le mete mucho huevo, que se apasiona, que se levanta a las 6 de la mañana para practicar, que se compenetra, que se apasiona en escribir mal las cosas. Las hay aceptables y de las otras. Por ejemplo:
Jeje, ayer limpié el baño y me olvidé del hinodoro
Qué se yo, vaya y pase. Capaz se confundió con hipocampo, hisopo, no sé. O estaba pensando en otra cosa. Está bien, “jaja, qué lindo” y listo. Pero hay cosas que realmente me provocan una irritación en los ojos que hacen que todo lo que siga a continuación pierda credibilidad. Es raro, pero si en un libro se lee:
… y me llamó para que valla hacia donde estaba él
Automáticamente dejo de creer lo que me dicen. ¡No, no! No te llamó para que pintes una reja o hagas una medianera. No tenés perdón: se acabó la discusión y perdiste. No hay argumento, ni lo que decís tiene sentido, validez ni principio. Ganó el lector, aunque piense lo mismo que vos.
Pero, dentro del campo poco fértil de los errores ortográficos, nos encontramos con 3 clases de individuos:
- El rarito: De correcta escritura, de vez en cuando se permite un desliz. Es como el padre de familia, tipo recto y serio que se pone en pedo en Navidad. Es el que a veces se olvida de limpiar el inodoro. Está bien, te queremos rarito. Sos una parte importante de nuestra sociedad.
- El burro inteligente: Ante la duda, usa un diccionario o un corrector ortográfico. El problema es si tiene pocas dudas y/o escribe homófonos (del griego homo, igual y fono, sonido): palabras que suenan igual pero se escriben distinto. Son a los que llaman para que pinten una reja. Los correctores ortográficos que conozco le hacen pito catalán a “Era huno que nunca tubo agua. Abría que traer un baso para convidarle”. No te queremos tanto, pero te perdonamos por esforzarte (mentira, pero qué me queda para el que viene, sino).
- El vurro bago: No le importa hacerse entender, reflejar seriedad en lo que escribe o, simplemente, mostrar respeto hacia su lector. Lo mismo le da una g que una j, una v que una b, y la presencia de h es mera coincidencia. Lo mismo escribe hay, como ay y ahí. Es el rebelde que hace lo que quiere, el que se maneja con sus propias reglas y no se puede hacer entender ni por teléfono. Vurro, no me caés bien, sinceramente.
Señora, le dejo el consejito, como siempre: menos tele para el nene y un libro cada 6 meses, por lo menos. Me vuelve a ver en 5 años y me cuenta, ¿le parece?
