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La exclusividad es directamente proporcional al fanatismo

Digamos que un fan es un seguidor de algo o alguien. Puede ser un equipo de fútbol, una banda de rock, un grupo de teatro, un cantante, un pintor, una cerveza o lo que sea. Mi experiencia me indica que cuanto más exclusivo sea un “seguimiento”, más fanatismo genera.

Soy hincha de San Antonio Spurs (sí, el equipo de la NBA donde ahora están Emanuel Ginóbili y Fabricio Oberto). En mi época de secundario me alegraba de ser hincha de San Antonio y que nadie conociera al equipo. Disfrutaba de los partidos por ESPN (que eran escasos, sobre todo cuando el equipo llegaba a los playoffs de casualidad), me sorprendía cuando en algún local de ropa deportiva se encontraba algo del merchandising del equipo y lucía orgulloso un calendario con los datos de los jugadores que yo mismo había hecho. No es que esté triste de que Oberto y Ginóbili hayan terminado en San Antonio (todo lo contrario), pero ahora sale en los diarios y hasta en las crónicas de los noticieros. Y, qué se yo, ya no es lo mismo que antes.

Me gusta mucho el grupo Las Pastillas del Abuelo: me lo presentó Chun hace varios años, cuando se enteró que algunos de sus ex compañeros de primario tenían una “banda de rock”. Los escuché y me gustaron mucho. Me compré sus CDs (sí, originales) y los escuché en mi tiempo libre. Ahora son una banda bastante reconocida y dejé de escucharlos tan a menudo.

Cuando la gente empiece a tomar en masa Branca Menta con tónica (“Bomba Tónica”, para mí), volveré al viejo vino de caja y CocaCola.

El fanatismo es mucho más rico cuando tiene como aderezo la pseudo exclusividad.

[gracias a baco por la charla motivadora de este post]

Las 5 razones por las cuales creo que soy puto

  1. Leo
  2. Uso piyama
  3. Entro en los bazares, farmacias y librerías sin tener necesariamente nada que comprar
  4. Me gustan los Tuppers
  5. Me sé el nombre de 3 tipos de tacos: aguja, chino y holandés

Ovolactovegetarianismo: semanas 1 y 2

(La primer parte de este post está acá: [Ovolactovegetariano por un mes])
No fue tan complicado hasta ahora ser ovolactovegetariano. Casi le hinco el diente a una porción de pizza con salchicha en la casa del Xavi, pero me dí cuenta con lo justo.
Incorporé las legumbres a mi dieta, que antes casi no tenían presencia y ahora estuvieron al menos dos veces por semana. Encontré un lugar que vende vegetariano rico y barato cerca del trabajo, así que compro comida de ahí casi todos los almuerzos.
Me gustaría que las comidas tuvieran nombres nuevos y no  “xxx vegetariano” (locro vegetariano, milanesa vegetariana, lasagna vegetariana, paella vegetariana). Estarìa bueno que las hamburguesas de soja de llamen sojocos, las milanesas de berenjena burichis y la paella vegetariana buronta, o algún NotInGoogle (si alguna vez el Javi se anima a escribir de esto, se los linkeo).
Me comería un asado, pero lo aguanto un par de semanas más.
Bueno, si salgo del hospital, les escribo de nuevo (chiste mamá, estoy bien).

Diccionario chuncano – castellano

Gracias a la invalorable colaboración de Tu rayada favorita, familiares, conocidos y amigos, he aquí el primer Diccionario Chuncano – Castellano. Seguramente faltan (o sobran) muchas palabras o acepciones, pero apelaremos a la solidaridad de los lectores para que dejen en sus comentarios los aportes que crean necesarios para completar este diccionario (que será actualizado constantemente):

abriojo: abrojo
abuja: aguja
abujero: agujero
adoctado: adoptado
albun: álbum
almóndiga: albóndiga
alverjas: arvejas
amante de casa: ama de casa
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Una partecita del Domingo

Salió del baño felicitándose por su performance. Se lamentó de que aún no hayan inventado un explosivo o algo similar que no requiriera ningún tipo de trabajo para desodorizar el ambiente. Fue hasta la cocina arrastrando las pantuflas. Pateó un bollito de pan duro por debajo de la cocina para evitar tener el cargo de conciencia de la barrida posterior. Agarró la botella de cerveza abierta, le sacó la cucharita y le metió un buen sorbo. Eructó sin abrir la boca mientras se rascaba una nalga. Puso la pava para hacerse un mate cocido. Se asomó a la puerta y le robó la sección de deportes del diario a doña Rosa. Ese domingo no estaba su marido, con lo que no generaría conflictos. Se puso a repasar la formación de Lugano mientras se frotaba las manos como quien espera ansioso un acontecimiento. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Se enojó al enterarse que el árbitro designado era Chazarreta. Siempre los perjudicaba el Chazarreta este. Encima era de Caballito, justo hoy que el rival era Ferro. Miró su reloj y fue a apagar la pava, que se desgarraba en señales de hervor. Mientras tomaba el mate cocido miraba fijamente una foto en la pared. Estaba él en su puesto de trabajo cerca de la cancha de Lugano. Añoraba repetir esa imagen. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Se bañó, cambió y perfumó. Mientras apagaba el calefón, escuchaba en la radio la previa del partido. Había poca expectativa, en los accesos todavía no había mucho movimiento y los equipos no habían llegado al estadio. Terminó de preparar su bolsito de mano, cerró la puerta de entrada y llamó al ascensor. Mientras lo esperaba intentó sin éxito extraer algo de sus fosas nasales. En esta actividad lo sorprendió la morocha del octavo, cuando abrió la puerta del ascensor. Mucho no le importó: saludó amablemente y se mandó. Empezó a caminar para el trabajo. Eran unas pocas cuadras que las hizo a paso ligero porque andaba corto de tiempo. Al llegar, marcó tarjeta, saludó a los compañeros de la administración y pidió el visto bueno para empezar la jornada. Al recibirlo, se subió al 48 y lo sacó del garage. A los veinte minutos, y con el colectivo casi lleno, pasó por primera vez por la cancha de Lugano. Pispeó para el lado de las boleterías y la vio, detrás de la ventanilla 14, para socios de platea cubierta, como habitualmente. Estaba vestida como siempre, hermosa como nunca. Se encontró con la esquina, con lo que tuvo que doblar, desviando la mirada. Se lamentaba de que su felicidad sólo durara una partecita del domingo. Si se apurara, quizá tendría otra cuotita de felicidad en la próxima vuelta.

[ponencia para el "Primer Concurso Literario Willie Tanner"]