Archive for the 'deportes' Category

Dec 28 2011

Mis anécdotas del fútbol (VI)

Publicado por under deportes

[Esta es la Parte VI: Parte I Parte II Parte III Parte IV Parte V]

Después de varios años de paso mediocre por la mitad de la cancha, un día de 8° o 9° división, nuestro único arquero, que vivía en Tanti, decidió:

  • Irse del club
  • Ser expulsado en el partido anterior
  • Lesionarse
  • Mudarse
  • Enfermarse

La verdad es que no recuerdo qué pasó, pero sí recuerdo que no teníamos un arquero a mano en el equipo.

Entonces, el Kily Ordoñez, que por entonces se desempeñaba como Ayudante de Campo y Padre de Constante Apoyo, se acerca antes de una práctica en el Polideportivo, me comenta la situación (una o más de las opciones mencionadas anteriormente) y me pregunta “si me le animo”. Por mi parte, los minutos como titular eran cada vez menos y, sobre todo, cada vez más cuestionados, por lo que acepté sin ninguna duda.

Así fue que volví ante un rival durísimo: Banco de Córdoba, que usualmente nos ganaba por 4 o más goles. Ese día, perdimos 3 a 1, yo atajé más o menos bien, y nunca más dejé el puesto. Además, Gonzalo Loza hizo el gol de descuento. Dos situaciones bastante curiosas para esa tarde.

Ese día recuperé la felicidad por el juego.

Nota: esta es la última entrega, por ahora, de esta sección de anécdotas

No hay actitud

Dec 21 2011

Mis anécdotas del fútbol (V)

Publicado por under deportes

[Esta es la Parte V: Parte I Parte II Parte III Parte IV]

Un día fui con mi papá a ver a mi hermano Adrián, que jugaba en la primera del Club. En realidad siempre lo íbamos a buscar a la hora en que el partido terminaba y, de vez en cuando, íbamos un rato antes, o mucho antes, para ver (parte de) el partido.

Ese día llegamos para el comienzo del segundo tiempo. El Club Carlos Paz jugaba con Defensores Juveniles (eso digo yo, Adrián dice que fue Alas Argentinas, pero ninguno de los dos está seguro). Preguntamos en la entrada cómo iban y ganaba Carlos Paz 2 a 0. Primera sorpresa.

Nos acercamos al alambrado y en la primer jugada que vimos, Adrián agarra la pelota, gambetea a 3 jugadores y la clava en un ángulo. Terrible Golazo. Con mi viejo nos miramos con una pícara sonrisa. 3 – 0. Segunda sorpresa.

Después de algunos goles más, ya el partido estaba sentenciado. Y el rival era una murga (que no se juntaba a practicar), hay que decirlo también. Nueva jugada del Atlético y después de un rebote, Adrián cruza un derechazo que se clava al lado del palo. Nueva mirada sonriente con mi viejo. 5 – 0 (o 6?). Tercera sorpresa.

Ese día, mi hermano hizo, en partidos oficiales, tantos goles como yo en toda mi carrera. Es que el arco me estaba esperando de nuevo.

Un ejemplo a imitar

Dec 14 2011

Mis anécdotas del fútbol (IV)

Publicado por under deportes

[Esta es la Parte IV: Parte I Parte II Parte III]

Un año entero sin ganar un solo partido. Ese fue el resúmen de mi primer año de partidos “oficiales” en el Club Atlético Carlos Paz. Un año enterito sin poder volver a casa para decir “ganamos”. O empate o derrota, durante 365 días. Y nosotros no la pasábamos tan bien como los chicos del Margatània (les recomiendo ver ese video): si bien estábamos acostumbrados a perder (nos acostumbraron, digamos), no era algo que disfrutáramos, en términos de resultado: sí disfrutábamos jugando, porque lo mismo nos divertíamos, pero también nos gustaba ganar, o al menos eso creíamos.

Por mi parte me aseguraba de no echarle a nuestro arquero (por la época creo que era Esteban Mármol) la culpa por los goles que recibíamos. Era costumbre que nos hicieran 4 o 5 goles por partido, y rara vez nosotros marcábamos alguno: recuerdo una vez que empatámos 1 a 1 con un equipo de la ciudad de Córdoba, de visitantes, donde ellos hicieron los dos goles: uno a favor y uno en contra.

El mi segundo año en el Club la cosa empezó muy parecida: en los primeros 5 o 6 partidos no habíamos logrado una sola victoria. Hasta que llegó El Salvador.

Un sábado, estábamos en la sede del Club esperando a nuestros compañeros para ir a la ciudad de Córdoba a jugar con Unión Florida, de visitantes. Nuestro técnico en esa época era Juan Zapata, cuyo hijo Gerardo era compañero mío (uno de los mejores laterales derechos con los cuales compartí un campo de juego) y además también había jugado conmigo en el equipo de la escuelita Margarita A. de Paz. Juan llegaba siempre en auto y traía a sus hijos Gerardo y Fernando. Dependiendo de la época también venía Juan Manuel, el más grande de los hijos de Juan.

Pero ese día, el día de Nuestro Salvador, también llegó con una cuarta persona. Se bajó del auto un chico flaco, alto (un poco más bajo que yo, pero alto) y empezó a caminar cerca de Gerardo, que se acercaba a nosotros. Fue el mismo Gerardo quien nos presentó a El Salvador:

Gerardo: Hola chicos: él es Gustavo, que va a jugar hoy con nosotros

Nosotros saludamos como a cualquier otro compañero, sin saber ante quién estábamos presentes. Ahora me imagino cómo habrán saludado Piqué y Cesc a Messi, el primer día que llegó a la Masía.

Fuimos a la ciudad de Córdoba y, sorpresivamente para alguno de nosotros, el profesor Juan puso a Gustavo de titular:

 Juan: Chicos, él es Gustavo Alcaraz. Sé que no lo conocen aún, pero va a empezar a jugar con nosotros desde hoy. Espero que lo traten como al resto de sus compañeros, que lo integren al grupo rápido y que lo hagan sentir parte del equipo

Al profe Juan le faltó decir “y que le pasen la pelota, porque es el único de ustedes que más o menos sabe a qué está jugando”.

Ese partido ganamos 2 a 0, a Unión Florida, con 2 goles de Gustavo Alcaraz. Un partido que no olvidaré jamás: el día que supimos qué significa ganar un partido oficial, y que podíamos llegar a casa y decir “ganamos” cuando nos preguntaran. Algo que hice, efectivamente, cuando mi mamá, que estaba podando un rosal en el fondo del patio de mi casa, me preguntó. Creo que se emocionó más que yo cuando le respondí (o quizá no me haya creido y me siguió el juego).

Es muy distinto jugar sabiendo que, una de esas, también es posible que ganes.

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Dec 07 2011

Mis anécdotas del fútbol (III)

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[Esta es la Parte III: Parte I Parte II]

Dejé de ser arquero porque no soportaba que me echen la culpa de los goles que nos hacían, sobre todo cuando no había razón de ello. A los 7 años, empecé a jugar en el Club Atlético Carlos Paz, por recomendación de mi “mentor” futbolístico: mi hermano Adrián, un criterioso volante central, que también jugó en el Atlético (llegando a jugar varios años en la Primera División).

Como era una etapa nueva, aproveché para empezar a jugar “en el medio” (es decir, no de arquero). Yo sabía que mi hermano jugaba “de 5″ (es la forma numérica de llamarle, en Argentina y algunos otros paises, al volante central), así que fui a la “escuelita” (donde empiezan todos los jugadores antes de jugar en las categorías oficiales), donde me recibió el profesor Cejas, el papá de “Chocolate”. Al final del entrenamiento, Cejas decidió hacer un partido para vernos jugar. Se dio el siguiente diálogo:

Profesor: ¿Vos de qué jugás?
Yo: Yo juego “de 5″, profesor
Profesor: Bueno, en este partido jugá “de 8″, por favor

En realidad, esa es la versión “narrativa” del diálogo, que en realidad fue:

Profesor: ¿Qué só, vó?
Yo: 5
Profesor: No, jugá de 8

Fue un momento muy interesante, porque yo no sabía cuáles eran las demás posiciones: yo jugaba “de 5″, como Adrián, no “de 8″. Qué se yo dónde jugaba el 8. En realidad no me importaba, si yo era 5: que el 8 se preocupara por jugar de 8.

En un rapto de creatividad (?) me paré en el medio, como quien escuchó “de 5″ cuando en realidad le dijeron “de 8″. Claro que llegó el 5 para ocupar la posición y rápidamente se encargó de hacerme saber que yo no debía pararme ahí:

5: ¡Qué hacés! ¡Te dijeron “de 8″! Andá para “allá”

Así que, sin quedar mal con el profesor, supe dónde debía pararse (al menos al principio del partido) el número 8. Jugué muy bien ese partido. Tal es así que el profesor Cejas me pidió que jugara “de 5″ después de un rato, para ver cómo me movía en esa posición.

Apenas llegué a casa le pedí a Adrián que me explicara dónde se paraba cada jugador en la cancha. Casi desde entonces le debo una charla al Flaco Hames para explicarle esto mismo.

No hay actitud

Nov 30 2011

Mis anécdotas del fútbol (II)

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[Esta es la Parte II: Parte I]

Trillado pero cierto: el puesto de arquero es muy ingrato. Es la última oportunidad del equipo para evitar un gol en contra, lo cual se traduce que un error del arquero es prácticamente insalvable. Además, los niños de 6 o 7 años son en general muy crueles, y no les tiembla la pera para reputear al arquero si le hacen un gol, así no sea culpa de él. Yo pasé por esta época y no me gustó para nada: cada vez que nos hacían un gol, mis compañeros se encargaban de que quedase claro que había sido mi culpa.

Un fin de semana jugábamos un torneo en el Polideportivo de Villa Carlos Paz: era un torneo de dos días. El primer día atajé bastante bien, pero me harté que me echaran la culpa de los goles. Cuando volvíamos con Adrián para casa, le dije que no iba a volver al otro día porque mis compañeros me echaban la culpa por los goles. Adrián hizo lo imposible para convencerme de que volviera (me prometió comprarme latas de Coca, por ejemplo, cuando yo ni siquiera sabía qué eran las latas -recordar que era por el año 1990, cuando recién se hacían conocidas para nosotros-) pero no hubo marcha atrás: no volví a jugar para el equipo en ese torneo. Desconozco qué habrá sido del equipo: quién habrá atajado (yo era el único arquero) y cómo habrán salido. Tomé la decisión y nunca volví a mirar atrás.

Hoy me río de esta anécdota (y me sorprendo del esfuerzo de Adrián para que volviera a jugar), pero calculo que es un sentimiento compartido con otros arqueros: que te reputeen cuando te hacen un gol. Fue muy triste para mí, pero hoy siento que fui sincero con mis sentimientos.

En mi arquero interior influyó mucho, porque iba a decidir dejar de serlo.

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