[Esta es la Parte IV: Parte I Parte II Parte III]
Un año entero sin ganar un solo partido. Ese fue el resúmen de mi primer año de partidos “oficiales” en el Club Atlético Carlos Paz. Un año enterito sin poder volver a casa para decir “ganamos”. O empate o derrota, durante 365 días. Y nosotros no la pasábamos tan bien como los chicos del Margatània (les recomiendo ver ese video): si bien estábamos acostumbrados a perder (nos acostumbraron, digamos), no era algo que disfrutáramos, en términos de resultado: sí disfrutábamos jugando, porque lo mismo nos divertíamos, pero también nos gustaba ganar, o al menos eso creíamos.
Por mi parte me aseguraba de no echarle a nuestro arquero (por la época creo que era Esteban Mármol) la culpa por los goles que recibíamos. Era costumbre que nos hicieran 4 o 5 goles por partido, y rara vez nosotros marcábamos alguno: recuerdo una vez que empatámos 1 a 1 con un equipo de la ciudad de Córdoba, de visitantes, donde ellos hicieron los dos goles: uno a favor y uno en contra.
El mi segundo año en el Club la cosa empezó muy parecida: en los primeros 5 o 6 partidos no habíamos logrado una sola victoria. Hasta que llegó El Salvador.
Un sábado, estábamos en la sede del Club esperando a nuestros compañeros para ir a la ciudad de Córdoba a jugar con Unión Florida, de visitantes. Nuestro técnico en esa época era Juan Zapata, cuyo hijo Gerardo era compañero mío (uno de los mejores laterales derechos con los cuales compartí un campo de juego) y además también había jugado conmigo en el equipo de la escuelita Margarita A. de Paz. Juan llegaba siempre en auto y traía a sus hijos Gerardo y Fernando. Dependiendo de la época también venía Juan Manuel, el más grande de los hijos de Juan.
Pero ese día, el día de Nuestro Salvador, también llegó con una cuarta persona. Se bajó del auto un chico flaco, alto (un poco más bajo que yo, pero alto) y empezó a caminar cerca de Gerardo, que se acercaba a nosotros. Fue el mismo Gerardo quien nos presentó a El Salvador:
Gerardo: Hola chicos: él es Gustavo, que va a jugar hoy con nosotros
Nosotros saludamos como a cualquier otro compañero, sin saber ante quién estábamos presentes. Ahora me imagino cómo habrán saludado Piqué y Cesc a Messi, el primer día que llegó a la Masía.
Fuimos a la ciudad de Córdoba y, sorpresivamente para alguno de nosotros, el profesor Juan puso a Gustavo de titular:
Juan: Chicos, él es Gustavo Alcaraz. Sé que no lo conocen aún, pero va a empezar a jugar con nosotros desde hoy. Espero que lo traten como al resto de sus compañeros, que lo integren al grupo rápido y que lo hagan sentir parte del equipo
Al profe Juan le faltó decir “y que le pasen la pelota, porque es el único de ustedes que más o menos sabe a qué está jugando”.
Ese partido ganamos 2 a 0, a Unión Florida, con 2 goles de Gustavo Alcaraz. Un partido que no olvidaré jamás: el día que supimos qué significa ganar un partido oficial, y que podíamos llegar a casa y decir “ganamos” cuando nos preguntaran. Algo que hice, efectivamente, cuando mi mamá, que estaba podando un rosal en el fondo del patio de mi casa, me preguntó. Creo que se emocionó más que yo cuando le respondí (o quizá no me haya creido y me siguió el juego).
Es muy distinto jugar sabiendo que, una de esas, también es posible que ganes.